domingo, 21 de agosto de 2011




Concepto de Trauma Psicológico

El concepto de stress ha ido evolucionando a lo largo de estas últimas décadas. Originalmente, Selye lo definió como la Respuesta General de Adaptación del organismo frente a un estímulo amenazante. Esa respuesta puede ser de dos tipos:

de afrontamiento de la situación o
de huida, lo que en inglés se denomina fight, or flight.

Frente a esta situación el organismo reacciona preparándose para la lucha o la huida. Es así a que se produce un aumento en el ritmo cardíaco, en el ritmo respiratorio, aumento de la presión sanguínea, se dilatan las pupilas, se tensan los músculos, se produce una vasoconstricción periférica, aumenta la glucemia, se libera adrenalina, noradrenalina, glucocorticoides, etc. Luego de terminada la pelea o concretada la huida, el organismo recupera su metabolismo original, y la respuesta al estrés desaparece.

Ahora bien, cuando el individuo

A. es enfrentado a una situación percibida como amenazadora para la vida o la integridad física propia o ajena, y
B. reacciona con intenso temor, horror o pánico
se configuran los factores necesarios como para que ese individuo desarrolle un Trastorno por Estrés post Traumático (PTSD por sus siglas en inglés). Vale decir que la respuesta al estrés de la situación amenazante se autoperpetúa, configurando de esta manera la situación traumática.

Es interesante destacar que con la clasificación DSM IV se produce un cambio de paradigma, expresado en el punto B: el acento recae sobre la reacción del individuo (y no sobre el evento como lo era previamente), es decir el hecho traumático es definido por la reacción del individuo.

Los efectos del trauma psicológico se expresan, entonces, como cambios en la respuesta biológica al estrés, produciendo alteraciones profundas en los mecanismos hormonales relacionados con éste, y en el procesamiento de la memoria. De esta manera, el hecho traumático interrumpe la línea histórica normal de la vida de la víctima, produciendo profundas alteraciones a nivel biológico, emocional, cognitivo y relacional. Es así que la víctima sufre tres clases de síntomas:

A. de reexperimentación del hecho traumático (flashbacks, pesadillas, etc.),
B. de evitación de los estímulos asociados al trauma y de embotamiento psíquico y emocional (sentimientos de desapego, anhedonia, amnesia total o parcial del hecho traumático, etc.) y
C. de hiperactivación (hyperarousal) (hipervigilancia, dificultades para dormir, respuesta de sobresalto, irritabilidad, etc.)
Estos síntomas, que muchas veces son de aparición tardía (hasta años después de ocurrido el hecho traumático), suelen ser mal interpretados, y diagnosticados como depresión, trastornos psicóticos, simulación, etc.

Se suele interpretar a este trastorno como una falla en el mecanismo de la memoria, un intento fallido de archivar el hecho traumático en la memoria explícita o narrativa. De esta manera, quien sufre de un trastorno por estrés post traumático parece haber quedado congelado en el tiempo, fijado al hecho traumático y parece condenado a la dialéctica de, por un lado, revivirlo permanentemente (en un aparente intento de procesarlo o archivarlo) y por otro a evitarlo, olvidarlo, y/o anestesiar sus sentimientos y reacciones para evitar el sufrimiento. El hecho traumático no se “recuerda” sino que se “revive”.

(Eduardo H. Cazabat)

El Maltrato Infantil es una experiencia potencialmente traumática para los niños.

El trauma infantil

Un trauma infantil eleva el riesgo de sufrir Síndrome de Fatiga Crónica

Leemos la publicación de un estudio en Archives General Psychiatry de la Asociación Médica Americana que un trauma infantil eleva el riesgo de sufrir Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) hasta en seis veces, es decir, los niños que durante su infancia sufren un trauma como puede ser el abuso sexual o el maltrato emocional, tienen más posibilidades de desarrollar la mencionada enfermedad.

El Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) es una enfermedad de la que se conoce la causa y que afecta físicamente a quien lo sufre con fatiga, cansancio o agotamiento prolongado que reduce la capacidad de realizar las actividades diarias hasta en un 50%. También se revela con dolores musculares, de articulaciones y cefaléas, además de muchas veces provocar dificultad de concentración o falta de memoria.

No es una enfermedad que sea provocada por otras enfermedades de forma directa y el descanso no es el remedio ni el tratamiento para esta enfermedad, aunque evidentemente, no se pueden realizar las labores que el día a día exige del mismo modo que lo pueda hacer una persona sana.

La investigación que concluye con que un trauma infantil eleva el riesgo de sufrir Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) ha sido realizada por la Universidad de Emory y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU., y dirigida por Christine M. Heim, quien cree en la posibilidad de que los bajos niveles de cortisol sean un marcador para el riesgo de sufrir la enfermedad en lugar de ser un signo de la misma.

Al parecer, los bajos niveles de cortisol son una característica biológica del SFC, y en el estudio llevado a cabo se contempló que los niños que habían sufrido un trauma tenían déficit de los efectos de esta hormona pudiéndoles provocar estrés. Ya sabemos que el cortisol es una hormona segregada en momentos tensos o de estrés.

Las conclusiones del estudio precisan de refuerzo, de nuevas investigaciones, pues sólo se han basado en el análisis de 113 personas adultas con SFC y 124 personas adultas que no padecían la enfermedad, aunque para seleccionarlas tomaron datos de casi 20.000 individuos. Cada uno de ellos respondió a un cuestionario sobre los traumas que pudieron haber sufrido en la infancia, como los mencionados abusos sexuales, maltrato emocional o físico y desatención emocional o física. También se tomaron muestras de saliva para medir los niveles de cortisol en el momento del día en el que son más elevados.

Fueron los que mostraron niveles más bajos de cortisol los que coincidían con antecedentes de trauma infantil, pero destacan que no todos los que padecían el Síndrome de Fatiga Crónica habían pasado por una experiencia negativa en su infancia.

El cerebro en desarrollo de los niños es vulnerable a las alteraciones por situaciones desagradables según explican los expertos y esto puede afectar a la salud en el estado adulto, como muchas otras cosas. Debemos proteger a los pequeños y proporcionarles todo aquello que precisan para un desarrollo adecuado y un estado emocional satisfactorio.

(www.pequelia.es/.../un-trauma-infantil-eleva-el-riesgo-de-sufrir-si... )-