domingo, 4 de septiembre de 2011

DIBS "EN BUSCA DEL YO"


“Dibs, en busca del Yo”

La terapia centrada en el niño se basa en la premisa que el niño logre superar el conflicto o algún trauma por medio del juego. Como toda terapia, la terapia de juego contiene conceptos las cuales hay que seguir para tener una terapia exitosa. Estos conceptos ayudan a que el paciente se sienta cómodo y por lo tanto se logre formar una alianza terapéutica como primer objetivo de la terapia. El terapeuta debe dejar que el niño escoja el juego que el desee desde la primera sesión hasta la ultima, esto logra que el paciente sienta que la terapia es un lugar donde el es libre de escoger y hacer lo que el quiera sin alguien que lo este juzgando, criticando o diciéndole que hacer, él mismo escoge si el terapeuta juega o no. El niño de esta forma comenzara a proyectar su conflicto por medio del juego, el terapeuta no deberá dirigir el juego del niño sino solo reflejar lo que el niño este diciendo. Reflejando lo que diga el paciente, lograra que él mismo sea consciente de su problema. A la hora que el paciente logre identificar su problema o conflicto, sin necesidad de decírselo, puede lograr disminuir todos los síntomas que este le provocaba ya sea un sentimiento, un comportamiento o características que no tenia como falta de autoestima, falta de apego, etc. Todas estas características las logra adquirir o disminuir por medio de su mismo juego y el reflejo, por parte del terapeuta, en la terapia. La terapia logra finalizar cuando el niño ya muestre una mejoría significativa en lo que parecía haber sido “el motivo de consulta”, y continúe mejorando sin necesidad de la terapia. Como en Dibs, termino la terapia cuando el logro encontrarse a él mismo, o sea su Yo, mejoro su relación con su familia y comenzó a socializar con otros niños; el mismo Dibs realizo que, al contrario del comienzo que no quería irse del cuarto de juegos, ya no era necesario ir a terapia o como el lo decía “El cuarto de juegos” por lo que ya sentía haber superado todos los conflictos que le habían provocado ser infeliz, ya que gracias a terapia logro ser un niño feliz y satisfecho consigo mismo.

Dibs era un niño que sentía miedo ya sea del ambiente que lo rodeaba como también de descubrirse a si mismo. Se sentía sofocado por las conductas de sus padres y sus exigencias hacia él que decidió refugiarse en el silencio y retroceder en su desarrollo convirtiéndose en un ser débil, indefenso y poco autosuficiente hasta llegar a percibirse como un bebé. Veía al mundo como una amenaza, temía a las personas y cuando se sentía amenazado utilizaba la agresión física dirigida hacia los demás pero también hacia si mismo. Dibs se percibía como alguien muy pequeño, enjaulado en un ambiente sofocante en donde su único anhelo era ser libre. Se pasaba las horas en la escuela arrastrándose por todas las esquinas del aula, fingiendo desinterés en las personas y en las actividades que se realizaban. No respondía a ninguna pregunta y no iniciaba ninguna conversación.

Durante el proceso terapéutico encontró el camino hacia la libertad que él tanto deseaba. El cuarto de juego era su único refugio en donde él empezó a descubrir su yo y aprendió a no temerle. Con el tiempo rompió su voto de silencio e inició a utilizar, como herramienta para interactuar, sus habilidades intelectuales como su capacidad asombrosa de leer, escribir y pintar que superaban las capacidades de un niño de su edad. “Su capacidad intelectual se había empleado para probarlo; se había convertido en una barrera y en un refugio contra un mundo que le inspiraba temor. Había sido una conducta defensiva, de autoprotección; había sido su aislamiento” (V. Axline, 1964). Aunque cuando entraba en conflicto emocionalmente regresaba a su conducta inicial y adoptaba el comportamiento de un bebé. Su conducta eran basadas a que “todas las puertas de la aceptación se le habían cerrado y las habían echado llave en contra suya, privándolo del amor, del respeto y la comprensión que tan desesperadamente necesitaba” (V. Axline, 1964).

Luego conforme la terapia continuaba, Dibs inició a crecer; comenzó a interactuar con los demás, iniciaba conversaciones, sonreía y mostraba interés en las actividades de la escuela y de su hogar. Se convirtió en un niño feliz, lleno de energía vital, libre, seguro de si mismo, responsable de sus sentimientos, aprendió a expresar lo que sentía y formó su concepto de ser. Comenzó a referirse a si mismo como Yo y ya no en tercera persona.

Dibs había llegado a pactar consigo mismo; en su juego simbólico había derramado sus sentimientos lastimados y lacerados, y había emergido con otros, de fuerza y seguridad. Había ido en busca de un Yo que pudiera reclamar para si con orgullosa identidad; ahora empezaba a construir un concepto del Yo que estaba más en armonía con la capacidad que poseía: estaba logrando la integración personal, Había encontrado un sentido de dignidad y de respeto propio” (V. Axline, 1964).

Al final Dibs aprendió a aceptar y respetar a otras personas de su mundo gracias a la confianza y seguridad en si mismo que había encontrado. Ahora Dibs ya no sentía temor por ser él mismo.

Se considera que la terapeuta en este caso, al inició, encontró dificultad por la actitud del niño ante el ambiente que lo rodeaba, en un caso en el cual los padres no se mostraban interesados ante el avance del niño y de cómo este evolucionaria, la terapeuta inicio siendo una persona empática la cual se mostró al margen de la idea de que los padres aceptaran o no la investigación de su hijo, en la cual no se sabría la evolución del caso, la terapeuta intervenía en los momento en los cuales el niño necesitaba ayuda o en los cuales el niño pedía de su ayuda, la terapeuta trabajaba en todo momento a la expectativa y con muchas dudas del comportamiento del niño; pero durante la evolución del caso ella fue respondiendo sus dudas y aclarando muchas incógnitas del silencio e aislamiento del paciente, la terapeuta mostro mucha de sus preguntas muy interesadas e aisladas y precisas en el momento, pero la mayoría de veces solo reflejaba lo que el niño comentaba o necesitaba que fuera comentado. El trabajo del terapeuta en este tipo de terapia es muy significativa, esta terapeuta mostro mucho profesionalismo y precisión tanto en la investigación en el caso como la interacción con los padres del niño; en ningún momento tomo una actitud en la cual se perjudicara la intervención de los otros, como el colegio o los propios padres del niño.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Los 8 Principios de la Terapia de Juego

Los ocho principios básicos de la Terapia de Juego

1. El terapeuta debe desarrollar una relación interna y amigable con el niño, mediante la cual se establece una armonía lo antes posible.

El terapeuta entrevista al niño por primera vez; está estableciendo el contacto inicial; la estructuración ha empezado. Una sonrisa es por lo general un principio de ternura y amistad. Unas cuantas palabras de saludo bastaran para establecer la relación. Es conveniente que el terapeuta lleve al niño al cuarto de juego por su propio deseo. Muchas de las veces el niño desea que la puerta se quede abierta y se le sugiere al niño que la cierre cuando él se sienta preparado. El cerrar la puerta voluntariamente puede indicar un cierto proceso en lo relativo a establecer el contacto. Eso parece ser un rasgo de confianza hacia el terapeuta, así como una pausa que indica cierta madurez hacia una nueva independencia, así como habilidad de su parte para tomar decisiones. Aun cuando parece que la relación establecida entre el terapeuta y el niño, en terapia de grupo puede ser menos profunda que aquella que se establece en la individual; la presencia de otros niños que reaccionan en diversas formas ante la situación parece ser ventajosa para desarrollar una buena armonía.

2. El terapeuta acepta al niño tal como es.

La total aceptación del niño se demuestra por medio de la actitud del terapeuta. El conserva una relación tranquila, segura y amigable con el niño. El niño es un ser sensitivo y está capacitado para captar hasta el rechazo más velado hacia su persona par parte del terapeuta. La aceptación no implica una aprobación de lo que él está haciendo. El aceptar al niño va más allá de establecer el contacto inicial y llevarlo hasta el cuarto de juego y principiar la terapia. Después de que la terapia se encuentra encaminada, el terapeuta debe conservar una actitud accesible ante todas las cosas que el niño hace o dice. El proceso de la terapia no directiva esta tan entrelazado que es difícil decir donde se inicia o termina un principio. Son intercomunicados e interdependientes. Para aplicar este principio en una situación de grupo, el terapeuta está obligado a vigilar continuamente sus respuestas para que ningún niño en el grupo se sienta en momento alguno que está siendo comparado o contrastado con cualquier otro miembro del grupo.

3. El terapeuta crea un sentimiento de actitud permisiva en la relación, de tal forma que el niño se siente libre para expresar sus sentimientos por completo.

La hora de terapia es la hora del niño y puede utilizarla como desee. La intensidad con que el niño exterioriza sus sentimientos durante ese tiempo en el cuarto de juego es posible debido a la permisividad que es establecida por el terapeuta. Hasta siento punto, esto depende de la expresión verbal de la permisividad por parte del terapeuta, pero abarca mucho, más que eso. Cuando el niño y el terapeuta entran el cuarto de juego, el por lo general dice: puedes jugar con cualquiera de estos juguetes en la forma que desees durante una hora. En ocasiones el terapeuta piensa que si juega con el niño se suscitara una determinada acción. Entonces puede decidir intervenir y atraer al niño par que lo imite. Tal parece que la absoluta permisividad que está basada en una total ausencia de sugerencias es más apropiada para el éxito de la terapia. La experiencia en la terapia de grupo parece activar los sentimientos de permisividad en el niño. Cada niño deriva un sentimiento de seguridad del grupo. Los niños captan la pronta aceptación de cada uno de sus compañeros de grupo hacia el terapeuta y la libertad de expresión parece ser contagiosa.

4. El terapeuta está alerta a reconocer los sentimientos que el niño está expresando y los refleja de nuevo hacia él de tal forma que logra profundizar más en su comportamiento.

Reconocer e interpretar los sentimientos son dos cosas diferentes. El juego del niño es símbolo de sus sentimientos, y cada vez el terapeuta intenta transformar el comportamiento simbólico en palabras, porque interpreta diciendo lo que piensa que el niño ha expresado en sus acciones. Esto parece inevitable y también ventajoso. El uso cuidadoso de la interpretación parece ser la mejor política, con el terapeuta realizando interpretaciones lo menos posible y, cuando esto fuera necesario, basándose en la obvia actividad del juego del niño. Aun entonces, la respuesta del terapeuta deberá incluir el símbolo que el niño ha utilizado. Cuando el terapeuta capta el sentimiento que es expresado y lo reconoce, el niño toma su punto de partida de ahí y el terapeuta puede en realidad observar al niño al adquirir una completa visión de si mismo. Cuando se encuentra más de un niño en el cuarto de juego las oportunidades del terapeuta para reflejar sentimientos se ven reducidas. No es posible captar todos los sentimientos que están siendo expresados. El terapeuta debe centrar su atención individualmente y al mismo tiempo dividir sus respuestas para que ningún niño se sienta desatendido. En ocasiones un niño imitará a otro niño solo para obtener la atención del terapeuta.

5. El terapeuta observa un gran respeto por la habilidad del niño para solucionar sus problemas, si a éste se le ha brindado la oportunidad para hacerlo. Es responsabilidad del niño decidir y realizar cambios.

Cuando el terapeuta deja al niño que sea responsable de hacer los cambios, esta centrando la terapia en el niño. El terapeuta intenta ayudar al niño a comprender que él es responsable de si mismo. No existe presión alguna para realizar esto. Es parte de la estructura de la terapia. Empieza con cosas pequeñas, como materiales que se encuentran en el cuarto, y se prolonga durante toda la relación. Al niño se le brinda la oportunidad de obtener su equilibrio. Él adquiere confianza en si mismo y autorrespeto. Edifica su propia estimación. Esta hora es suya y el terapeuta no intervendrá. Este principio no es valorado en forma alguna, ya sea en la experiencia individual o de grupo. Se aplica en todo momento a cada niño, no importa si está solo o en un grupo. Las diferentes personalidades de los miembros del grupo no influyen el principio. Aun en un grupo en donde un niño es dominado por completo por el resto de los demás, ese niño toma la decisión de salir de ese estado de dominación voluntariamente.

6. El terapeuta no intenta dirigir las acciones o conversación del niño en forma alguna. El niño guía el camino; el terapeuta lo sigue.

Aquí el terapeuta no intenta dirigir las acciones o conversación del niño en forma alguna. El niño guía el camino; y el terapeuta lo sigue. El terapeuta invariablemente se apega a la política no directiva. No realiza preguntas inquisitorias, excepto, tal ves, si el niño inicia una conversación respecto a algo que le ha molestado. El terapeuta elimina cualquier palabra de alabanza, así que el niño no tiene ningún incentivo para actuar en determinada forma con el objetivo de lograr más halagos. Tampoco crítica sus acciones, así que él no se siente inhibido o fuera de lugar. Sí solicita ayuda, el terapeuta se la brinda. Si pregunta respecto al uso de ciertos materiales, el terapeuta lo orienta. El terapeuta no realiza sugerencias. El cuarto de juego y los materiales en el están a disposición del niño, en espera de su decisión.

7. El terapeuta no pretende apresurar el curso de la terapia. Este es un proceso gradual y, como tal, reconocido por el terapeuta.

El terapeuta no pretende apresurar el curso de la terapia. Este es un proceso gradual y, como tal, reconocido por el terapeuta. La ley de la disposición opera en la sesión de terapia. Cuando un niño esté en disposición para expresar sus sentimientos en presencia del terapeuta, así lo hará. No puede apresurársele para que lo haga. El intento de forzarlo ocasiona su retraimiento. El niño vive en un mundo de prisa y ruido. Este es un lugar enorme, y él necesita tiempo para asimilarlo.

8. El terapeuta establece solo aquellas limitaciones que son necesarias para conservar la terapia en el mundo de la realidad y hacerle patente al niño de su responsabilidad en la relación.

El terapeuta sólo establece aquellas limitaciones que son necesarias para conservar la terapia en el mundo de la realidad y hacerle patente al niño su responsabilidad en la relación. Las limitaciones que son establecidas en la relación no-directiva son naturalmente muy pocas, pero muy importantes. Es conducente para una buena terapia el confinar la mayor parte de las limitaciones en cosas materiales, tales como la destrucción a placer de los materiales de juego, averiar la habitación y atacar al terapeuta. De igual forma, limitaciones con sentido común que son necesarias para la protección del niño deben ser incluidas. Por último el lapso de la sesión de juego es determinado y respetada su duración.

domingo, 21 de agosto de 2011

Entendamos el estres traumático infantil

  • Cómo responder al peligro
Antes de que podamos entender lo que significa una “experiencia traumática” o “el estrés traumático” debemos pensar en qué reconocemos y manejamos el peligro. La mente, el cerebro y el cuerpo están programados para que hagamos que el peligro sea lo primordial para nosotros. Las cosas que representan un peligro cambian durante el transcurso de la niñez, de la adolescencia y de la adultez. Para los niños más pequeños, las piscinas de natación, los tomacorrientes, los venenos y los objetos afilados son cosas peligrosas. Para los niños de edad escolar, caminar a la escuela, correr en bicicleta por la calle o subirse a lugares altos presentan nuevos peligros. Par los adolescentes, el acceso a los automóviles, pistolas, drogas y tener más independencia —especialmente de noche— son nuevas dimensiones de peligro. Los peligros cambian de acuerdo con el lugar donde viven los niños y conforme a cuáles sean las circunstancias de la familia. Por otra parte, los peligros varían según la historia de las sociedades y de las culturas. En una situación peligrosa suceden tres cosas. Primero, tratamos de establecer cuál es el peligro y cuán grave es. Segundo, tenemos fuertes reacciones emocionales y físicas. Estas reacciones nos ayudan a tomar medidas, aunque éstas podrían ser muy perturbadoras y difíciles. Tercero, intentamos buscar la forma de hacer algo que nos ayude a protegernos del peligro. Tratamos de prevenirlo, de protegernos a nosotros mismos y de proteger a otras personas, o hacemos algo para evitar que el peligro empeore. La forma en que nos sentimos ante un peligro depende de dos cosas: de cuán grave pensemos que pueda ser el peligro y de lo que creamos que podemos hacer para contrarrestarlo.
  • Cuando el peligro se torna en trauma Vivimos a diario rodeados de peligros.
A medida en que los niños y los adolescentes crecen, van aprendiendo acerca de distintos tipos de peligro. Siempre buscamos maneras de que la vida sea más segura. Sin embargo, a veces suceden cosas terribles dentro y fuera de la familia. Éstas pueden surgir de imprevisto, en el momento menos pensado. Los niños podrían experimentar traumas diversos en el transcurso de la niñez a la adolescencia. Algunos traumas, tales como el de maltrato infantil o presenciar actos de violencia en el hogar, pueden ocurrir repetidas veces y por mucho tiempo. Los peligros pueden llegar a ser “traumáticos” cuando amenazan con producir graves lesiones o muerte. Las experiencias traumatizantes incluyen también la violación física o sexual del cuerpo. El presenciar actos de violencia, graves lesiones o una muerte grotesca puede ser igualmente traumático. En situaciones traumatizantes sentimos la amenaza inminente sobre nosotros o sobre otras personas y, con frecuencia, graves daños y desgracias las siguen de inmediato. Sentimosterror, impotencia u horror como respuesta a la gravedad de lo que está sucediendo y por no poder hacer algo para protegernos o cambiar completamente los resultados perjudiciales. Estas emociones poderosas y perturbadoras van acompañadas por fuertes y aterradoras reacciones físicas como palpitaciones aceleradas, temblores, saltos en el estómago y la sensación de que uno está pasando por un sueño. Existen peligros de gran escala tales como desastres, guerras y terrorismo que amenazan a un número grande de niños y familias al mismo tiempo. Hay peligros que son particulares a una comunidad o a un vecindario, tales como el crimen, la violencia en la escuela y los accidentes de tránsito. Dentro del hogar hay también peligros: violencia doméstica y maltrato y abuso infantil. Las experiencias traumáticas pueden caber dentro de varias categorías.
  • Lo que una situación traumatizante significa para un niño pequeño.
Imagínese lo que sería para un niño pequeño encontrarse en una situación traumatizante. Pueden sentirse totalmente impotentes y pasivos. Pueden llorar para pedir ayuda y desear desesperadamente que alguien intervenga. Verse obligados a separarse de los padres o de quienes estuviesen a cargo de su cuidado puede hacerlos sentir amenazados. Para juzgar la gravedad del peligro, los niños pequeños dependen del “escudo protector” que les proveen los adultos y hermanos mayores y también dependen de ellos para su seguridad y bienestar. Son muchas las veces en que ellos no se dan cuenta del peligro hasta el momento mismo del trauma. Por ejemplo, cuando están a punto de ahogarse, de quemarse accidentalmente o de ser atacados por un perro. Los niños pequeños pueden ser el blanco de maltrato o de abuso sexual precisamente de las personas en quienes confían para protección y seguridad propia. Algunos niñitos presencian incidentes de violencia en su propia familia y hay casos en que quedan desamparados luego de que uno de sus progenitores, o la persona que los cuida, resulta herida, por ejemplo, en un espantoso accidente automovilístico. Las peores dificultades son las intensas reacciones físicas y emocionales que surgen como consecuencia. Los niños se angustian sobremanera al oír a uno de sus progenitores, o a la persona a cargo de su cuidado, llorar amargamente.
  • Lo que una situación traumatizante significa para un niño de edad escolar.
Al ir enfrentándose a otros peligros, los niños de edad escolar van adquiriendo capacidad para juzgar el punto de gravedad de una amenaza. Ya empiezan a pensar en qué forma podrían protegerse. Por lo general no se ven a sí mismos con el poder para encarar un peligro grave, pero ya pueden imaginar lo que quisieran poder hacer y cómo llegar a actuar como héroes de las tirillas cómicas. Por lo tanto, en situaciones traumatizantes, como en casos en que un familiar es el blanco de la violencia, los niños de esta edad pueden sentirse que son un fracaso por no haber hecho algo para ayudar a la víctima. También, a veces se sienten abochornados o culpables. Hay acontecimientos traumáticos que les suceden a los padres no estando los niños con ellos porque se encontraban en la escuela, en el vecindario o jugando con sus amigos. Es mayormente en esta edad, durante los años escolares, que los niños son víctima de acoso sexual. A esta edad, los niños se asustan por la precipitación de sus emociones y de sus reacciones físicas y esto hace que sean más sus temores a los peligros del exterior. Esto se puede ilustrar esto con las palabras de una niña de ocho años al describir cómo se sentía ante un suceso traumatizante: —Mi corazón palpitaba a tal velocidad que llegué a pensar que me iba a partir en pedazos.

(Entendamos el estrés traumático infantil,National Child Traumatic Stress Network,www.NCTSNet.org, http://www.nctsn.org/nctsn_assets/pdfs/edu_materials/Entendamoselestrtraumtico.pdf)




Concepto de Trauma Psicológico

El concepto de stress ha ido evolucionando a lo largo de estas últimas décadas. Originalmente, Selye lo definió como la Respuesta General de Adaptación del organismo frente a un estímulo amenazante. Esa respuesta puede ser de dos tipos:

de afrontamiento de la situación o
de huida, lo que en inglés se denomina fight, or flight.

Frente a esta situación el organismo reacciona preparándose para la lucha o la huida. Es así a que se produce un aumento en el ritmo cardíaco, en el ritmo respiratorio, aumento de la presión sanguínea, se dilatan las pupilas, se tensan los músculos, se produce una vasoconstricción periférica, aumenta la glucemia, se libera adrenalina, noradrenalina, glucocorticoides, etc. Luego de terminada la pelea o concretada la huida, el organismo recupera su metabolismo original, y la respuesta al estrés desaparece.

Ahora bien, cuando el individuo

A. es enfrentado a una situación percibida como amenazadora para la vida o la integridad física propia o ajena, y
B. reacciona con intenso temor, horror o pánico
se configuran los factores necesarios como para que ese individuo desarrolle un Trastorno por Estrés post Traumático (PTSD por sus siglas en inglés). Vale decir que la respuesta al estrés de la situación amenazante se autoperpetúa, configurando de esta manera la situación traumática.

Es interesante destacar que con la clasificación DSM IV se produce un cambio de paradigma, expresado en el punto B: el acento recae sobre la reacción del individuo (y no sobre el evento como lo era previamente), es decir el hecho traumático es definido por la reacción del individuo.

Los efectos del trauma psicológico se expresan, entonces, como cambios en la respuesta biológica al estrés, produciendo alteraciones profundas en los mecanismos hormonales relacionados con éste, y en el procesamiento de la memoria. De esta manera, el hecho traumático interrumpe la línea histórica normal de la vida de la víctima, produciendo profundas alteraciones a nivel biológico, emocional, cognitivo y relacional. Es así que la víctima sufre tres clases de síntomas:

A. de reexperimentación del hecho traumático (flashbacks, pesadillas, etc.),
B. de evitación de los estímulos asociados al trauma y de embotamiento psíquico y emocional (sentimientos de desapego, anhedonia, amnesia total o parcial del hecho traumático, etc.) y
C. de hiperactivación (hyperarousal) (hipervigilancia, dificultades para dormir, respuesta de sobresalto, irritabilidad, etc.)
Estos síntomas, que muchas veces son de aparición tardía (hasta años después de ocurrido el hecho traumático), suelen ser mal interpretados, y diagnosticados como depresión, trastornos psicóticos, simulación, etc.

Se suele interpretar a este trastorno como una falla en el mecanismo de la memoria, un intento fallido de archivar el hecho traumático en la memoria explícita o narrativa. De esta manera, quien sufre de un trastorno por estrés post traumático parece haber quedado congelado en el tiempo, fijado al hecho traumático y parece condenado a la dialéctica de, por un lado, revivirlo permanentemente (en un aparente intento de procesarlo o archivarlo) y por otro a evitarlo, olvidarlo, y/o anestesiar sus sentimientos y reacciones para evitar el sufrimiento. El hecho traumático no se “recuerda” sino que se “revive”.

(Eduardo H. Cazabat)

El Maltrato Infantil es una experiencia potencialmente traumática para los niños.

El trauma infantil

Un trauma infantil eleva el riesgo de sufrir Síndrome de Fatiga Crónica

Leemos la publicación de un estudio en Archives General Psychiatry de la Asociación Médica Americana que un trauma infantil eleva el riesgo de sufrir Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) hasta en seis veces, es decir, los niños que durante su infancia sufren un trauma como puede ser el abuso sexual o el maltrato emocional, tienen más posibilidades de desarrollar la mencionada enfermedad.

El Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) es una enfermedad de la que se conoce la causa y que afecta físicamente a quien lo sufre con fatiga, cansancio o agotamiento prolongado que reduce la capacidad de realizar las actividades diarias hasta en un 50%. También se revela con dolores musculares, de articulaciones y cefaléas, además de muchas veces provocar dificultad de concentración o falta de memoria.

No es una enfermedad que sea provocada por otras enfermedades de forma directa y el descanso no es el remedio ni el tratamiento para esta enfermedad, aunque evidentemente, no se pueden realizar las labores que el día a día exige del mismo modo que lo pueda hacer una persona sana.

La investigación que concluye con que un trauma infantil eleva el riesgo de sufrir Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) ha sido realizada por la Universidad de Emory y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU., y dirigida por Christine M. Heim, quien cree en la posibilidad de que los bajos niveles de cortisol sean un marcador para el riesgo de sufrir la enfermedad en lugar de ser un signo de la misma.

Al parecer, los bajos niveles de cortisol son una característica biológica del SFC, y en el estudio llevado a cabo se contempló que los niños que habían sufrido un trauma tenían déficit de los efectos de esta hormona pudiéndoles provocar estrés. Ya sabemos que el cortisol es una hormona segregada en momentos tensos o de estrés.

Las conclusiones del estudio precisan de refuerzo, de nuevas investigaciones, pues sólo se han basado en el análisis de 113 personas adultas con SFC y 124 personas adultas que no padecían la enfermedad, aunque para seleccionarlas tomaron datos de casi 20.000 individuos. Cada uno de ellos respondió a un cuestionario sobre los traumas que pudieron haber sufrido en la infancia, como los mencionados abusos sexuales, maltrato emocional o físico y desatención emocional o física. También se tomaron muestras de saliva para medir los niveles de cortisol en el momento del día en el que son más elevados.

Fueron los que mostraron niveles más bajos de cortisol los que coincidían con antecedentes de trauma infantil, pero destacan que no todos los que padecían el Síndrome de Fatiga Crónica habían pasado por una experiencia negativa en su infancia.

El cerebro en desarrollo de los niños es vulnerable a las alteraciones por situaciones desagradables según explican los expertos y esto puede afectar a la salud en el estado adulto, como muchas otras cosas. Debemos proteger a los pequeños y proporcionarles todo aquello que precisan para un desarrollo adecuado y un estado emocional satisfactorio.

(www.pequelia.es/.../un-trauma-infantil-eleva-el-riesgo-de-sufrir-si... )-